Este manto de la Virgen Dolorosa de Gijón está bordado en oro sobre terciopelo negro y pertenece a la Ilustre Hermandad de la Santa Misericordia. Se trata de una obra de donación Real atribuida a la infanta Isabel de Borbón, conocida popularmente como “La Chata”.
Historia del manto de la Virgen Dolorosa
La talla original, para la que fue concebido el manto, había sido tallada en el siglo XIX por el escultor de la Real Cámara, Francisco de Elías, siendo entronizada en 1839 en el nuevo altar de Nuestra Señora de los Dolores, construido en la parroquia de San Pedro. La Dolorosa despertó pronto la admiración y el fervor del pueblo gijonés.
Tras la destrucción de la parroquia mayor de San Pedro durante la Guerra Civil, en la que se perdieron sus imágenes, la Hermandad encargó una nueva talla de la Virgen Dolorosa al escultor guipuzcoano, Julio Beobide. Actualmente, esta imagen continúa luciendo el histórico manto en las procesiones del Encuentro (Miércoles Santo) y del Santo Entierro (Viernes Santo)
Casi milagrosamente, y por no estar depositados en la desaparecida Iglesia de San Pedro, se conservaron los mantos procesionales, incluido éste, que es el más sobresaliente del ajuar; la corona y el puñal de plata de la imagen primitiva.
El proceso de intervención del manto
Cuando el manto llegó al taller de restauración de la Real Fábrica de Tapices presentaba un acusado estado de deterioro: Deshidratación de tejido, acumulación de suciedad, alteración de color, pérdida de decoración y abrasión del tejido base.
La intervención propuesta por el equipo de restauradoras de la Real Fábrica de Tapices ha tenido como objetivo detener la acción de los agentes que causan deterioro y realizar procedimientos de conservación y restauración que estabilicen el estado actual de la pieza.
Todo ello se ha llevado a cabo, mediante una metodología específica de restauración de tejidos que responde a los criterios internacionales de restauración de bienes muebles, como pueden ser la compatibilidad de materiales, el respeto por el original y la reversibilidad de las actuaciones, entre otros.
La primera fase de la intervención consistió en una limpieza mecánica para eliminar la suciedad superficial, seguida de una limpieza química destinada a eliminar la suciedad que había profundizado en la estructura de la fibra. Posteriormente, se procedió al alineado y reorganización del tejido, así como a su consolidación estructural, garantizando su estabilidad futura.
Este proceso de intervención se ha llevado a cabo, gracias a la colaboración entre la Real Fábrica de Tapices y la concejalía de Relaciones Institucionales del Ayuntamiento de Gijón, mediante la cual la institución madrileña presentará en la ciudad asturiana una ambiciosa exposición en los próximos meses.